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14 junio 2005

Ella, Matilda líquida, se evapora

Cuando la verdad no le es útil le basta solo un momento para el hastío. Nada de que las cosas se juntan y se riega la pólvora. Esa pira no la quema, la evapora. Tan líquída como sus ojos, podría suponérsele llorando a placer u olvido, sin la manera precisa de distinguirlo, pero con la certeza de que su mirada no es un capricho. Matilda, sin embargo, sostiene que no llora y esconde a parpadeos el cielo. Con los labios juega al suplicio de la palabra que no dice. No hace falta, está harta desde hace rato que se inventó el vacío para sus manos ciertas y un dolor para su corazón henchido.

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