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07 mayo 2005

Puertas

Trazos de palabras encajonan los vacíos. El dédalo –hambriento de pisadas-- es tan corto con las ganas, tan largo de mañana. Hay puertas sin cerrojos, para no oxidar la mano; muchas puertas sin cristales, donde no encontrarse con los ojos, todas como animales sin instinto. Sólo quietas. Sin espera ni asechanza. Tras ellas ruidos que suenan despacito, y otros como cuando el gato sueña sabio que derrapa.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y si entro despacito?

Román Ahuí dijo...

Todo será más lento. Menos el corazón, que no te dejará oir nada.