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15 mayo 2005

Caminando

Es muy tarde para creerle a Martita lo que dice, a pesar de que ha contestado rápido y pestañea escasamente. Su vestido, coloreado a manojos, no recibe más aplausos. Y los que son detonan por rutina, como única moneda para saldar lo no pagado. Estuvo ahí metida toda la noche. En esa caja de miradas. En esa recámara de ángulos inciertos. Ante mi cena de leche fría y pan aplazado, ignorante de mis sueños acaramelados, que como realidad suelen ser desabridos. Habló de ella como si se conociera las bondades y el carma. Habló creyendo lo que no ha advertido: cuando las piernas están rotas caminar es un suplicio. Burlada su estrella buscará el espejo con desatino. Zarandeará la boca y zumbarán abejas sobre los tornasoles.

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