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16 enero 2005

Lujoso pensamiento

Una vez los párpados abiertos, asoman los ojos por la fisura luminosa de la cortina que mi mano desliza como primer acto consciente del día. Son las 7:25. Percibo tarde, entre estas paredes, y todavía a oscuras el parpadeo elegante de una flama sobre una vela verde, en el librero, junto la cama. Mis pies descalzos atinan el camino hacia el baño. Burbujea el agua, sube y sale por la regadera.

El primer humo del día se desprende de las gardenias que habitan en un incienso. Nada más de oler se me antoja el jardín atávico de sueños. Comienzo a creer en las urgencias que se disfrutan lento. Me visto de rojo y al toro le reconozco por los cuernos. Porque el diablo, dicen, le estorban o le han cansado, ya por viejo.

Las dos premisas del día --tornado en asombro-- son sólo mías, vestidas de lógica hoy se declaran mentira. Y palpita la vida, en un intento cualquiera de mirarte a los ojos como conclusión verdadera.

No temo a la corriente interior de las venas y sus raudos días, ni al agua que siendo río aún no llueve. Sólo me reflejo en los charcos de las tormentas sucedidas porque el color más intenso de tus cielos me hace crédulo del aire en el que vuelo.

Escribo como queriendo emular al tiempo. No quiero mudar las letras a ningún otro sitio. Mis sentidos se atragantan con tus horas. Sé de los días porque voy contando sus noches. Hoy, si respiro, en un lujoso pensamiento te contengo.

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