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09 enero 2006

Perro incierto

Apenas lo conozco. Ludo, no tengo otra forma de llamarlo, con la cabeza metida entre las patas encuentra su suerte, herido, bajo el asador construido de ladrillos del que nadie hace uso con suculentas carnes. Nunca ha tenido mejor destino que resguardar del gélido clima de invierno su ahora hambriento, confuso y demolido cuerpo. Difícilmente se entreven sus ojos oscuros. No ha perdido la conciencia pero sí la ruta hacia el hogar donde alguien lo espera. Huele mi mano cuando acerco un plato con tibios huesos. Creo que me mira atento al girar su cabeza de hebras pardas hacia el rincón donde le acomodo unos periódicos. Esta noche observo desde la ventana cómo duerme o muere en la patria callejera un perro incierto que de llorar se olvida.

3 comentarios:

Leia dijo...

Una reflexión sobre una realidad cotidiana en el complejo mundo sentimental del hombre...

Die Walküre dijo...

Tal vez conoce la ruta...pero le duele que al volver no le esperen, que quizá ya no esten...
Tal vez no entienda siquiera porque se marcho o quizá nunca tuvo donde llegar...
Pero si su hora de morir ha llegado, sabrá por lo menos que alguien le recordo en sus ultimas horas, donde los recuerdos de vida se han vuelto películas de horas y sueños...
Cuidate mucho
Auf Wiedersehen!

Román Ahuí dijo...

Leia: ... más aún cuando se puede vivir lo que se escribe o se lee muy de cerca. Gracias.

Die walküre: Vivió. Y fue finalmente Luda. Pero en ciertos momentos cómo saberlo.